Doble seguridad: cómo Certina hizo un reloj para el mundo real
En 1959, mientras otros vendían glamour, Certina inventó el concepto DS: un reloj pensado para durar.

En 1959, mientras Rolex conquistaba el glamour y Omega el espacio, Certina inventaba algo menos romántico pero más revolucionario: el sistema DS (Double Security), un movimiento flotante sobre goma que podía sobrevivir a una caída de cinco pisos. No era marketing. Era física aplicada. Los hermanos Kurth de Grenchen habían construido desde 1888 una manufactura obsesionada con la función antes que la forma, con la supervivencia antes que el estatus. Sus relojes equiparon expediciones al Himalaya, buzos militares y fuerzas especiales europeas. Hoy, cuando un DS vintage emerge de un cajón después de 50 años y todavía funciona, entendemos que la verdadera elegancia no está en parecer indestructible, sino en serlo.
En el Principio, la Certeza
Grenchen, 1888
Adolf y Alfred Kurth no soñaban con conquistar París o impresionar a la aristocracia. En su taller de Grenchen, a los pies del Jura, solo querían construir relojes que funcionaran. Siempre. Sin excusas.
“Certus” en latín significa certeza. No eligieron “Luxus” (lujo) ni “Elegantia” (elegancia). Eligieron la palabra que define confianza absoluta.
El nombre no llegaría hasta 1939, pero la filosofía estaba clara desde el principio: un reloj Kurth Frères debía ser la herramienta en la que apuestas tu vida. Mientras otras manufacturas suizas perseguían complicaciones exóticas y cajas preciosas, los Kurth perfeccionaban calibres que sobrevivían al barro, al sudor, al tiempo real.
La Era de los Hermanos Kurth
1900-1939: Construyendo la Fundación
Los primeros calibres Kurth Frères eran anónimos. Movimientos que otras marcas compraban, modificaban y rebautizaban. Era el trabajo invisible que hace funcionar una industria: fiable, preciso, sin gloria.
Pero los hermanos tenían ambición técnica. En 1920 desarrollaron calibres propios: el 25-36 (automático robusto), el 28-10 (manual ultrapreciso). No eran los más delgados ni los más decorados. Eran los que seguían funcionando cuando otros se rendían.
La Transformación de 1939
Con Europa al borde del abismo, Kurth Frères se convierte en Certina. El timing no fue accidental. La guerra requeriría relojes militares, instrumentos de supervivencia, no joyas. Certina estaba perfectamente posicionada.
Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras oficialmente neutral, Suiza proveía relojes a todos los bandos. Certina suministró miles de unidades sin marcar, relojes fantasma que cronometraron batallas en ambos lados del conflicto. Los archivos están sellados, pero los relojes sobrevivieron: DS tempranos sin logo, solo “Swiss” grabado en la caja, tritio radiactivo en las esferas, calibres 25-36 funcionando 80 años después.
El Milagro del DS
1959: La Revolución Silenciosa
El problema era simple: los relojes se rompían. Los golpes destruían ejes. El agua corroía movimientos. El polvo bloqueaba engranajes. Todas las marcas luchaban contra la física con soluciones parciales: cajas más gruesas, juntas más apretadas, cristales más duros.
Certina pensó diferente. ¿Y si el movimiento flotara?
La Física del Double Security
El sistema DS era elegante en su brutalidad:
- Suspensión sobre goma: El calibre montado en anillo de nitrilo de 3-5mm
- Absorción multidireccional: Vibraciones verticales y horizontales neutralizadas
- Sellado múltiple: Juntas en corona, fondo y cristal, cada una independiente
- Redundancia total: Si una junta fallaba, las otras mantenían la integridad
Las pruebas fueron espectaculares. Relojes DS lanzados desde el quinto piso del edificio Certina. Congelados en bloques de hielo. Aplastados en prensas hidráulicas. Sumergidos a presiones que colapsarían submarinos de juguete.
Todos sobrevivieron. Todos siguieron funcionando.
1960: La Prueba del Dhaulagiri
La expedición suiza al Dhaulagiri (8,167 metros) llevó seis DS. Temperaturas de -40°C. Presión atmosférica del 30%. Radiación UV extrema. Tormentas con vientos de 200 km/h.
Los seis relojes regresaron funcionando perfectamente. Sin ajustes. Sin reparaciones. La publicidad escribió sola: “Certina DS - Probado en el techo del mundo”.
Relojes para la Tierra, el Mar y la Guerra
Los Íconos de la Función
DS Original (1959-1960) Caja de 35mm, nada especial por fuera. Por dentro: revolución. Calibre microrotor flotante, resistencia 200m sin ser un buzo dedicado. El reloj del ingeniero, del piloto, del hombre que no podía permitirse que su reloj fallara.
PH200M (1967) “PH” por las iniciales del buzo Peter Heimuller. 200 metros no era un número; era una promesa. Caja de 37mm, bisel unidireccional real (no decorativo), corona protegida. La marina suiza lo adoptó. Los buzos comerciales lo adoraron. Precio: 1/3 de un Rolex Submariner.
PH500M (1970s) La guerra de profundidades había comenzado. Omega prometía 600m. Rolex llegaba a 610m. Certina respondió con física: 500m reales, probados, garantizados. Caja de 40mm cuando eso era enorme. Tritio T100 que brillaba como un faro. Bisel que podías girar con guantes de 7mm.
PH1000M (1975-1980) El límite técnico. Mil metros donde ningún humano llegaría vivo. Cristal de 4mm. Caja que parecía un tanque. Corona triple sellado. Solo produjeron unos cientos. Hoy valen fortunas no por su belleza sino por su brutalidad honesta.
Chronolympic (1964) El cronógrafo para quienes cronometraban de verdad. Rally de Montecarlo. Descensos de esquí. Calibre Valjoux 7733, el mismo que usaba Heuer pero a mitad de precio. Sin pretensiones, solo función.
Los Fantasmas Militares
Los Certina militares son leyenda porque casi no existen oficialmente. Sin archivos públicos. Sin listas de producción. Solo relojes que aparecen con grabados:
- “BUNDESAMT FÜR MILITÄR” (Oficina Federal Militar Suiza)
- “SF” (Swiss Forces)
- Números de serie consecutivos de 6 dígitos
- Esferas negras mate sin logo, solo “CERTINA”
- Tritio T50-T100 que todavía brilla débilmente
Un DS-2 militar suizo puede valer 5,000 euros. No por su rareza estética sino por su historia silenciosa: un reloj que cronometró operaciones que nunca ocurrieron oficialmente.
El Golpe del Cuarzo
1969-1983: La Muerte y Resurrección
Cuando Seiko lanzó el Astron, Certina producía 750,000 relojes anuales. Para 1983, la producción había caído 80%. El DS no podía proteger contra la obsolescencia tecnológica.
La respuesta fue pragmática: Certina Quartz con DS. La misma protección física, precisión electrónica. No era romántico. Era supervivencia.
La integración en el Swatch Group (1983) fue rendición y salvación simultáneas. Adiós a los calibres propios (25-36, 28-10, 29-113). Hola a los ETA estandarizados. Perdieron el alma mecánica. Ganaron un futuro.
La Vigencia del Espíritu Certina
2025: El DS Sigue Flotando
Certina moderna es esquizofrenia controlada. Por un lado, relojes de 400 euros con movimientos ETA básicos para millennials que quieren “Swiss Made” barato. Por otro, reediciones Heritage que hacen llorar a coleccionistas: DS de 38mm con Powermatic 80, PH200M exacto al original pero con cristal de zafiro.
El DS Action Diver ISO 6425 (certificación real de buceo) cuesta 700 euros. Un Rolex Submariner sin certificación ISO cuesta 9,000. La ironía es deliciosa.
El Mercado Vintage: Donde la Función es Culto
Un DS original de 1960 con calibre microrotor: 1,500 euros y subiendo. Un PH500M militar con tritio cremoso: 3,000 euros si tienes suerte. Un Chronolympic con Valjoux 7733: 2,500 euros, el mismo movimiento que un Heuer Carrera de 8,000.
Los coleccionistas no buscan belleza. Buscan autenticidad mecánica, historia verificable, función sobre forma.
Epílogo: La Elegancia de lo Utilitario
Hay una belleza particular en un Certina vintage. No es la belleza del pavo real sino la del halcón: diseñado para un propósito, perfeccionado por la función, embellecido por el uso.
Cuando sostienes un DS de 1960 y sientes el calibre flotar imperceptiblemente dentro, entiendes algo fundamental: la verdadera elegancia no necesita ser frágil. Los objetos más bellos son los que sobreviven, los que funcionan, los que cumplen su promesa sin excusas.
En KLASSE creemos que Certina representa algo esencial: la nobleza del trabajo bien hecho. No prometían estatus ni seducción. Prometían que cuando miraras la hora a 3,000 metros de profundidad o altura, el reloj respondería.
Y cumplieron. Siguen cumpliendo.
Cada DS que emerge de un cajón suizo después de medio siglo y arranca al primer intento es un pequeño milagro de ingeniería honesta. No conquistaron Hollywood ni la Place Vendôme. Conquistaron algo más difícil: la confianza de hombres y mujeres que necesitaban herramientas reales para vidas reales.
Certina nunca fue sobre el tiempo que aparentas tener. Siempre fue sobre el tiempo que realmente tienes.
Y en eso, fueron maestros absolutos.
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